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Lunes 14. 11. 22

Desarrollo económico: cómo integrar al mundo a las empresas de manera inteligente

En un contexto donde la principal relación con el comercio exterior de las empresas está guiada por el día a día para abastecerse de insumos o de mercadería es difícil plantear una mirada estratégica sobre la inserción internacional.
Pero el tema debería ser relevante para quienes tienen la mirada macro, porque hoy en el mundo no se discute que una apertura de la economía y una inserción inteligente en el mundo promueven el desarrollo local. Incluso, podría ser la salida para los problemas crónicos que padece Argentina.
De este tema se viene hablando hace décadas y se volvió a tratar en la Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina (UIA) esta semana. Pero es poco lo que se ha avanzado. Por el contrario, Argentina retrocedió mientras el resto del mundo y los países de la región siguen adelante.
La competitividad argentina quedó al final de la tabla, como se refleja en los últimos rankings internacionales.
Aunque todavía hay muchos que plantean objetivos de “vivir con lo nuestro”, con sustitución de importaciones y un supuesto modelo de industrialización nacional con mayor valor agregado, estas ideas ya quedaron obsoletas.
CAMBIO DE MIRADA
Es que en el mundo ya no se discute si la economía debe ser cerrada o abierta. Está claro que las cadenas de producción de los distintos bienes y servicios son globales y lo importante es formar parte de ellas para aprovechar esas ventajas de la mejor manera posible.
“Durante prolongados períodos y aún en la actualidad, se sugirieron estrategias que conllevaban un objetivo de autosuficiencia, mayores grados de industrialización y de valor agregado. Estas recetas implican repetir muchos de los graves errores del pasado y van a contramano de lo que desde hace tiempo es tendencia en el comercio internacional. Esto es, la fragmentación de la producción en un número cada vez mayor de etapas, con la localización de estas etapas en distintos países o regiones”, señalan los economistas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba (FCE-UNC) Néstor Grión, Ileana Jalile y Pedro Moncarz, en un detallado análisis sobre la insersión internacional y el desarrollo productivo.
En la misma línea, la editorial del último informe de coyuntura del Ieral de Fundación Mediterránea destaca que el “modelo de industrialización” con el cual se justificaron retenciones y trabas a las exportaciones no produjo ningún resultado positivo.
“La Argentina exporta cada vez menos, en términos de su producto interno bruto (PIB) y también medido en relación con las exportaciones mundiales. La participación de los productos ‘made in Argentina’ en las importaciones totales de los países vecinos (Brasil, Chile, Uruguay, donde van la mayoría de los productos industriales) se ha reducido a menos de la mitad en los últimos 25 años”, advierte.
¿CÓMO INSERTARSE?
Como muestran los trabajos que relevan los factores de la competitividad, Argentina tiene varios problemas.
Por un lado, los que afectan a toda la economía en su conjunto, que sufren las empresas a diario y que son señalados por todas las entidades sectoriales y por gran parte de los economistas: la elevada carga tributaria (incluyendo los impuestos a la exportación), los costos y la rigidez del mercado laboral, los costos logísticos, la burocracia, la inestabilidad regulatoria (o inseguridad jurídica). Todo esto también dificulta el acceso al financiamiento y a la inversión, además de complicar la planificación a mediano plazo.
Desde la consultora Abeceb, el equipo encabezado por Soledad Pérez Duhalde, remarca que la política de desarrollo productivo y comercial no debe descuidar las condiciones macro, institucionales y de entorno.
“Esto requiere una inversión del sentido de las políticas. La macro debe servir como marco favorable para potenciar a las políticas micro de desarrollo productivo y objetivos comerciales, y no servirse de la micro para compensar sus desequilibrios. Es necesario dejar atrás el esquema de supeditar las políticas comerciales o de desarrollo productivo a resolver los desequilibrios macro”, subraya.
Por otra parte, está la política de inserción internacional, propiamente dicha, que debería definir los sectores en particular. “Una apertura inteligente debería tener en cuenta cuáles son las complementariedades que tiene Argentina y dónde están las oportunidades. Determinar los sectores estratégicos donde Argentina tiene competitividad, no necesariamente con todo el mundo, sino por bloques o por regiones. Y ver si es necesario que esa industria sea protegida o no”, opina Ariel Barraud, director del Instituto de Investigaciones de la Bolsa de Córdoba.
“En el trabajo que hicimos en la FCE-UNC planteamos una inserción de Argentina en cadenas globales, pensada en las ‘etapas’ de producción donde Argentina puede ser competitiva y no en el producto en su totalidad”, explica Jalile.
La propuesta lleva a cabo un análisis sistemático y metódico de las posibilidades que el país tiene de insertarse en cadenas regionales o globales de valor en sectores como calzado; pulpa de madera y papel; químicos y farmacéuticos; caucho y plástico; hierro y acero; maquinaria y equipos, y vehículos.
En este aspecto, Abeceb señala que Argentina tiene una fuerte fragmentación de la oferta exportable (que se extiende a la fragmentación del mercado laboral), con cuatro categorías diferentes.
En primer lugar, los sectores globalmente competitivos (granos y alimentos, minería, energía, litio) que persisten pese a un contexto no favorable, aunque “no logran despegar su potencialidad”. En segundo término, los sectores disruptivos con alto potencial (energías renovables, economía del conocimiento) basados en el capital humano. Pero están condicionados por el contexto local, por ejemplo, la brecha cambiaria.
El tercer grupo corresponde a actividades competitivas e integradas a nivel regional (automotriz, químico, farmacéutico, plásticos, siderurgia, madera y otros), con algunos problemas en los últimos años. Y, por último, los rubros de alcance local (textil, calzado, marroquinería, juguetes, electrónica) que dependen del cierre del mercado para su subsistencia, pero que podrían dar un salto exportador si hubiera una estrategia de inserción regional.
“Necesitamos que los sectores globales, apoyados por un mayor despliegue de los disruptivos, sostengan la transición hacia una mayor competitividad del resto de los sectores. El objetivo es que se puedan insertar en las cadenas globales y regionales de valor”, concluye Abeceb.
LA COMPETITIVIDAD ARGENTINA, UNA GRAN DEUDA PENDIENTE PARA LA INSERCIÓN INTERNACIONAL
Luego de décadas de subibajas y políticas erráticas, Argentina se encuentra en una situación compleja para participar de una economía global integrada en las cadenas productivas.
Según un trabajo de Abeceb, la economía argentina está “desacoplada” de la mundial en varios aspectos.
Por un lado, hay poco relacionamiento. El país sólo tiene ocho acuerdos comerciales con otros pares, inferior al 13 promedio de Latinoamérica; además, tiene un acotado acceso al PIB mundial (8% frente al 86,9% de Chile, el 79% de Perú, el 53% de Colombia y el 9% de Brasil).
“Esto restringe oportunidades para aprovechar la transferencia de tecnologías y las ganancias de productividad”, advierte la consultora.
Argentina es uno de los países con menor inserción internacional de la región, complicada también por un mayor costo logístico por la distancia. Las exportaciones argentinas representaron el 13,3% del PIB entre 2018 y 2020, mientras que eran el 31,5% en Chile y el 16,9% en Brasil.
Según Abeceb, el país tiene, a su vez, a una baja participación en las cadenas globales de valor “por tener un entorno productivo poco propicio para la atracción de inversiones extranjeras directas”.
Esto se refleja en los rankings globales de competitividad, donde Argentina se ubica en los últimos puestos.
Uno de los más consultados es el indicador global de competitividad del IMD (International Institute for Management Development). En 2022, sobre un total de 63 países relevados, Argentina se encontró en el penúltimo lugar (62), apenas delante de Venezuela, con 34,23 puntos.
Está a gran distancia de los 100 puntos del primer lugar (Dinamarca). Latinoamérica es la región con peor desempeño. Pero si bien hay vecinos no muy alejados en el ranking, la distancia es mayor en puntaje. Chile, el mejor posicionado, tiene 61,43 puntos; Perú, 49,63; México, 49; Colombia, 45,88, y Brasil, 44,76.
El indicador mide diversos aspectos de la competitividad: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia en los negocios e infraestructura.
Esta última, que mira cómo los recursos básicos, tecnológicos, científicos y humanos satisfacen las necesidades de las empresas, es el factor menos negativo con una ubicación en el puesto 54. Aquí se destaca la salud, el ambiente y la educación, mientras que está más atrasada en infraestructura básica, tecnológica y científica.
En la región, Argentina se encuentra por delante de Colombia, México, Perú y Venezuela.
En un ranking no tan negativo está la evaluación macro de la economía doméstica, con el lugar 57. Aunque en la comparación con otros países latinoamericanos, Argentina está por detrás del resto, con excepción de Venezuela.
El peor indicador es el que releva en qué medida las políticas gubernamentales conducen a la competitividad.
Argentina está en último lugar, con cero puntos (frente a 92,45 del primero). Se incluyen aquí temas como finanzas públicas, política tributaria, marco institucional, legislación de negocios y marco social.
Casi tan negativo es el componente que mide el grado en que las empresas se están desempeñando de manera innovadora, rentable y responsable.
Se tienen en cuenta cuestiones como productividad y eficiencia, mercado laboral, finanzas, prácticas gerenciales y actitudes. Aquí, el país también está último, con 7,03 puntos, frente a los 100 del primer puesto.

Fuentehttps://www.despachantesargentinos.com/detalle_noticia.php?id=36640