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Jueves 29. 07. 21

El Mercosur treinta años después

1.- La integración en el mundo
No es cierto que las asimetrías, las diferencias económicas, territoriales, poblacionales y otras, sean un impedimento o una dificultad insalvable para la integración. El más conocido ejemplo de un éxito de la integración entre países muy diferentes es la Unión Europea. Su éxito no ha sido impedido por las diferencias entre sus miembros que son mucho mayores que las existentes entre Argentina y Brasil con Paraguay y Uruguay. Para considerar nada más que unos pocos ejemplos: en la Unión Europea conviven exitosamente Alemania y Malta, Francia y Chipre, Italia y Luxemburgo, España y Estonia. La Unión Europea es un emprendimiento en el cual los aspirantes a ingresar han estado siempre haciendo fila. Por algo será.
Este equivocado argumento se está volviendo a utilizar por estos días como resultado del enfrentamiento verbal entre Argentina con Uruguay por la apertura del Mercosur. Lo que sin duda resulta explicable es que los países más industrializados tienen más industrias que defender que los que no lo están en el mismo grado. Esto a nivel latinoamericano, porque el mundo indica otra cosa: países altamente industrializados como Alemania o Estados Unidos tienen en vigencia numerosos acuerdos de libre comercio con otros países industrializados y no industrializados. Y países en desarrollo como Chile tienen acuerdos de libre comercio con las mayores potencias económicas mundiales.
Cuando se firmó el Tratado de Asunción hace poco más de treinta años el mundo del comercio internacional era muy diferente al actual: no había aparecido todavía China como gran exportador de productos manufacturados y como importador de materias primas y alimentos. El mundo en estas tres décadas ha seguido el camino de la apertura comercial y de los tratados preferenciales. Tanto es así que la OMC ha dado a conocer que están vigentes alrededor de 400 acuerdos de esta clase. Y el número sigue creciendo.
La conclusión entonces es que los tratados de libre comercio o los comerciales (no son lo mismo) resultan beneficiosos para sus firmantes. De otra manera no se firmarían en tal número y además veríamos a muchos países retirarse de los mismos, algo que, por supuesto, no ha ocurrido. Podríamos preguntar a los mexicanos si el Acuerdo que tienen desde 1995 con Canadá o Estados Unidos los ha beneficiado o no. Más del 80% de las exportaciones mexicanas van hacia el Norte y tienen un superávit anual con Estados Unidos de varios cientos de miles de millones de dólares.
El Mercosur se creó como un proceso de integración entre sus miembros el cual debería culminar en un mercado común que sería una plataforma de lanzamiento hacia el comercio mundial. No ha sido así lamentablemente. No solamente no se han alcanzado las metas propuestas sino que los países, en especial los dos mayores, se han cerrado al comercio con el pretexto, equivocado y perimido, de proteger sus industrias. Han marchado y marchan a contramano de la corriente global. El aislamiento no perjudica sino solamente a los Robinson Crusoe modernos.
Ésta es la hoy obsoleta teoría del Dr. Prebisch utilizada para construir la antigua ALALC en 1960 que sostenía el no menos antiguo concepto del aislamiento y de la sustitución de importaciones. Al parecer todavía hay personas que, a pesar de las consecuencias perjudiciales que han ocurrido con su puesta en práctica, la siguen sosteniendo porfiadamente ignorando los resultados de su errónea posición. Después de décadas de proteccionismo éste solamente ha protegido a unas pocas industrias privilegiadas por diversos beneficios, las “industrias de invernadero”, pero al mismo tiempo ha condenado a las demás a no desarrollarse, a no modernizarse ni tampoco a mejorar calidades y precios de lo que producen, todo esto en perjuicio del país entero.
El Mercosur, si funcionara como se debe y alcanzara la meta siquiera de una más modesta unión aduanera sin duda se constituye como el único camino posible para el bienestar de la gente de nuestros países. Pero, así como está, vegetando, sin avanzar, sin alcanzar sus metas, será una pesada carga para todos.
2.- Dos cuestiones actualmente en debate
Por estos días, la polémica, entre principalmente la Argentina y el Uruguay es con relación a dos temas. Uno de ellos es permitir a los Estados Partes celebrar Acuerdos Preferenciales con terceros países sin la participación del Mercosur como institución, algo que está prohibido por la Decisión No. 32/2000 del Consejo del Mercado Común.
El segundo tema se refiere a la rebaja de los aranceles de importación en el Arancel Externo Común (AEC).

Ambas cuestiones parecen diferentes, pero en realidad no lo son: obedecen al criterio actual predominante en el comercio internacional de las aperturas comerciales, algo que el GATT ya se había propuesto en su origen hace más de setenta años y cuyos principios multiplicaron el intercambio comercial mundial a niveles inimaginables por entonces: baja de los aranceles de importación y atenuación de las restricciones no arancelarias. En una palabra: apertura.
2.a) Libertad para celebrar Acuerdos por fuera del Mercosur
El Mercosur tiene en vigencia diversos Acuerdos con los países latinoamericanos miembros de la ALADI como son los casos de Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela. Pero también tiene en vigencia Acuerdos con países no latinoamericanos como Egipto, India, Israel y la Unión Aduanera de África del Sur. No están en vigencia acuerdos con potencias económicas mundiales como la Unión Europea, Estados Unidos, el Reino Unido, Japón o China. Casi nada.
La Decisión CMC No. 32/2000 firmada el 29-06-00 con el lema del Relanzamiento Externo del Mercosur (el año 2000 fue denominado del “Relanzamiento del Mercosur”, objetivo que como tantísimos otros no se ha cumplido) en sus Considerandos establece que “La constitución de un mercado común implica, entre otros aspectos, la necesidad de contar con una política externa común”.
En su Art. 1º decide “Reafirmar el compromiso de los Estados Partes del Mercosur de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.
Esta disposición es la que precisamente Uruguay ha anunciado que no va a cumplir. Es evidente que se trata entonces de una clara violación de una norma vigente en el Mercosur. Lo que corresponde, si se desea modificar la norma, de acuerdo al Derecho es tratar el tema con los demás Estados Partes para intentar su modificación.
Una nueva violación al Derecho no debería asombrar a nadie porque hay países miembros del Mercosur que han violado y violan desde hace años el Tratado de Asunción, las normas jurídicas obligatorias y los fallos del Tribunal Arbitral, estableciendo, por ejemplo, derechos de exportación a las mercaderías destinadas a otros miembros o estableciendo licencias previas no automáticas o prohibiendo en los hechos la importación de bicicletas o neumáticos reacondicionados, por ejemplo, incumpliendo fallos del Tribunal Arbitral. Lo que significa, en definitiva, que el Tratado fundacional ha sido y está siendo violado desde hace décadas impunemente. Y lo que es aún peor: en medio del silencio de las otras Partes perjudicadas por tales medidas.
Por supuesto que existen razones atendibles para la modificación de la norma aunque puedan no ser compartidas. La principal razón es que la Decisión CMC No. 32/2000 corresponde a una época (hace más de veinte años) en que se creía que se llevaría a cabo una unión aduanera ya que el mercado común quedaba mucho más lejos que el horizonte. Es de recordar que el Tratado de Asunción estableció que el Mercado Común del Sur (Mercosur) estaría conformado al 31 de diciembre de 1994 (Art. 1º). Ya antes de esa fecha, en las reuniones a mitad de año realizadas en Buenos Aires, se estableció que al no poder concretar un mercado común se haría una unión aduanera. El plazo para establecerla fue para comienzos del siglo XXI. Hubo posteriores prórrogas de esa fecha y la última para poner en vigencia la unión aduanera fue el 1º de enero de 2019. Hace dos años y medio que esa fecha se cumplió y no se ha establecido otra meta, que probablemente si se fijara, tampoco se cumpliría como las anteriores.
Ha pasado ya poco más de veinte años y ni siquiera tenemos la unión aduanera, por lo que la Decisión CMC No. 32/2000 que tenía sentido en el momento de su firma hoy ya no lo tiene. La prohibición a los países del Mercosur de negociar acuerdos fuera del mismo con otros países tenía su razón de ser en el año 2000 y era muy necesario establecerla. Hoy ya lo tiene en mucha menor medida por no decir, ninguna. No sabemos si habrá algún día unión aduanera (de la que ya no se habla) o no la habrá. Ante la incertidumbre (que ya tiene demasiados antecedentes) y el escepticismo sobre el futuro de la integración, se abre la posibilidad de que sin abandonar el proyecto Mercosur los Estados Partes negocien por su lado acuerdos con terceros países no miembros.
2.b) Rebaja del Arancel Externo Común (AEC)
El AEC del Mercosur es uno de los más altos del mundo, teniendo un promedio de entre 12 y 14%. Tenemos aranceles de hasta 35% y numerosas restricciones no arancelarias que evitan, dificultan o encarecen las importaciones. Las organizaciones industriales, principalmente de Argentina y Brasil, excesivamente protegidas desde hace muy largo tiempo, por supuesto se oponen a una rebaja de los aranceles. Y desde su punto de vista está bien que defiendan sus intereses. Pero lo que esté bien para ellos muy probablemente no está bien para el país y los consumidores. La experiencia de bajos aranceles, sin ir más lejos, que han tenido Chile y Perú, por ejemplo, ha sido provechosa para ellos. Por lo menos ha sido bastante mejor que la nuestra teniendo índices de inflación anual que nosotros duplicamos en un solo mes.

El aumento del comercio, tanto de importaciones como de exportaciones, es conveniente para cualquier país, grande o pequeño. Los hechos lo demuestran. Las experiencias al respecto, sobran. No hay que tener temor a bajar aranceles y posibilitar más importaciones porque al mismo tiempo y como consecuencia, habrá más exportaciones. Y la Argentina es un país que puede estar potencialmente en condiciones de exportar cuatro o cinco veces más de lo que exporta actualmente.