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Lunes 26. 07. 21

“Habrá demanda global alta un año más”

Para Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial, hay un contexto externo positivo para las exportaciones de Latinoamérica que se fundamenta, principalmente, por la “respuesta” que dieron los países desarrollados a la pandemia. “Los niveles de comercio ya están a la altura de la pre pandemia, hay una demanda fuerte de China y Estados Unidos entra con fuerza para actuar como motor”, comentó.
El ejecutivo disertó en el 43 aniversario del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (Cari), donde agregó que la Unión Europea viene más rezagada “pero bien” por lo que proyectó que el “buen momento” para las exportaciones agrícolas y de minería se extenderá. “Habrá demanda global agregada fuerte por un año por incentivos existentes -dijo-. También se mantendrán los precios altos de los productos básicos; la situación dará un respiro a la región, con mayores ingresos para privados y públicos”.
Jaramillo subraya que para “capitalizar” el entorno favorable y las “oportunidades concretas” hay que “trabajar mucho” en una agenda que abarca varios temas. “Los países que comercian más son los que tienen más productividad -indicó-. En Latinoamérica solo el 50% del tamaño de las economías está dedicado al comercio cuando Asia supera el 100%; y el mayor éxito está en aquellas cadenas de valor en áreas de manufactura y de servicios”. En ese plano, agregó, el único país que logró éxito es el norte de México, en el resto la exportación se basa en productos básicos.
Sostuvo que las oportunidades existen porque, en la pandemia, son muchas las empresas interesadas en invertir en diferentes lugares para tener “distintas fuentes de ofertas” para sus mercados. La concentración de la producción mostró debilidades con la irrupción del coronavirus.
Al analizar la agenda de “prioridades” de la región, Jaramillo eligió la de solucionar los problemas de infraestructura. “Es clave avanzar en lo digital, todavía la mitad de la población no tiene acceso a redes y los precios son altos; ese factor acentúa la desigualdad”. También avanzó sobre la educación, tanto en los niveles iniciales, como en el entrenar al capital humano para el mercado laboral que requiere “habilidades digitales, de trabajo en grupo y de innovación”.
Para Jaramillo, los cambios tecnológicos “acelerados y permanentes” abren chanches. “Hay que entenderlos y aprovecharlos; hay antecedentes de que ya se generaron varios ‘unicornios’ y eso es un buen antecedente”. También reclamó por una recuperación económica “más amigable con el medio ambiente”.
Fue claro también que todo está sujeto a que haya vacunas para el Covid-19: “Sin acceso será difícil reactivar plenamente la economía; el mundo no tenía un sistema preparado y hemos terminado con inequidad en la distribución. Eso se ha reconocido y hay donaciones, como las del G7 que ayudarán a determinados lugares”.
Se arranca de abajo
El funcionario repasó que Latinoamérica había empezado “bien” el siglo 21, con una década de crecimiento a tasas más altas que en los ’80 y en los ’90, en gran parte fundado en la expansión global. La pobreza en la región pasó de 43% en el 2002 a 23% en el 2012 y la evolución fue inclusiva ya que también bajó la desigualdad. En la Argentina el coeficiente de Gini saltó de 0,53 a 0,41 y en Colombia y Perú los valores fueron similares. “No se resolvieron las desigualdades pero la baja fue muy fuerte”, advirtió.
El boom de las comodities en esos años generó recursos fiscales que fueron usados, en muchos casos, para mejorar servicios básicos, infraestructura y programas sociales de transferencia directa focalizados en los más pobres. “Algunos países hicieron reformas importantes, adoptaron reglas fiscales con un marco claro para la disciplina fiscal y de la deuda y hubo adelantos en política comercial pero no se terminaron”, evaluó Jaramillo.
la tendencia se modificó desde 2012: “Como no hubo transformación total de la economía y la relación entre comercio y tamaño de la economía no aumentó, ni se creó empleo de calidad suficiente, la región viene rezagada; entró en la pandemia complicada”.
Directamente calificó de “malo” el contexto: crecimiento bajo, polarización política, déficits fiscales que no dan espacio para políticas expansivas y tensiones sociales que se dispararon antes del Covid-19. “Hay una sensación de frustración en muchas sociedades y si bien los reclamos se frenaron, la olla de presión sigue cocinando y ese ánimo ya se refleja en las elecciones”, sintetizó Jaramillo.
En ese contexto, el Banco Mundial definió que el 2020 fue para Latinoamérica el peor año en el último siglo, con una contracción de 6,5% del PBI, suba fuerte de la pobreza fuerte y de la desigualdad. Jaramillo dijo que la única excepción es Brasil “por su generoso programa de transferencia de dinero a sectores medios y bajos, lo que repercutió en su nivel de deuda y que no sería sostenible en el tiempo”.
Agregó que en todos los países aumentaron “dramáticamente los déficits” porque en gran parte se desplomaron los ingresos y porque los Gobiernos trataron de responder con mayor gasto a la pandemia pese a las limitaciones que tenían. La deuda promedio en la región estaba debajo del 70% del PBI y ahora es del 80% “y este año también subirá lo que deja menos espacio para una reacción futura porque si los mercados internacionales encarecen las tasas habrá más problemas”.
Remarcó que el atraso en la productividad es “preocupante” porque países que en los ’70 eran más pobres que los de la región “dispararon ese factor por el impulso a las reformas; si queremos más crecimiento, mejores empresas y empleo de calidad no queda otro camino que ese”. El desafío, indicó Jaramillo, es la modernización de los marcos regulatorios.

fuente: https://www.despachantesargentinos.com/detalle_noticia.php?id=33147