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Martes 26. 04. 22

Las conservas de sardinas asturianas que dan la vuelta al mundo

Días antes de la invasión rusa, una distribuidora de Ucrania contactó con Abel Álvarez –artífice, junto a Luisa Cajigal, del restaurante Güeyu Mar, en Playa de Vega, Asturias– para comenzar a vender sus latas de sardinas en este país. Sería un punto de venta más, que se sumaría a los países en los que está presente, como Australia, Dubái, Suecia, Estados Unidos, Alemania, Taiwan, Canadá, Italia, Francia, México, Isla Bartolomé, Reino Unido, Irlanda y Bélgica. El 50% de la producción de Conservas Braseadas Güeyu Mar sale fuera de España, aunque la previsión para este año es elevar las exportaciones hasta el 60%, cuya demanda crece a un ritmo que asusta al promotor de la idea. El proyecto lo inició en 2016 en fase de prueba para dar estabilidad laboral a la plantilla del restaurante durante los meses de otoño e invierno, un periodo flojo de clientela, más afín a las estaciones soleadas.

“También surge de una obsesión que tenía desde hacía tiempo, como es la de meter una sardina braseada en lata en el menú del restaurante”, recuerda Álvarez, que enseguida se dio cuenta de que podía hacer algo más. No disponía de fábrica ni de maquinaría para aplacar la hambruna que tenía por reinventar el mundo conservero y cambiar la percepción que se tenía de comer de lata. Un año más tarde comenzó a enlatar en las parrillas del restaurante.

“El crecimiento ha sido importante, tanto para considerarlo un problema, porque crecemos tanto que no nos da tiempo a formar a la gente, a parar y reflexionar. Podemos morir de éxito”, explica, un tanto abrumado por la aceptación que han tenido primero sus sardinas braseadas, y ahora un catálogo con una veintena de productos del mar, elaborados de manera artesanal. En 2018 amplia las instalaciones, dado que el restaurante se le queda pequeño para la demanda que empieza tener. Instala una conservera, replicando el modelo de parrilla del restaurante, en el Centro de Emprendedores del Oriente de Asturias, en el polígono industrial de Guadamía, en Ribadesella.

Sabe que ha creado “un monstruo, que tiene más poder que el restaurante”. Tanto es así que pronto empiezan a llamar a la puerta inversores. Sin embargo, solo ha dado entrada a un solo socio: Juan Carlos Álvarez, propietario y consejero de Vega Sicilia, que entró en el capital a través de la sociedad Inalmez con un 30%, porcentaje que ha elevado a un 38%. El resto es propiedad de Álvarez.

Las sardinas braseadas.

De la nada, asegura, ha inventado un nuevo modelo de negocio para el restaurante, que da empleo a 15 personas. Después de la sardina braseada, han llegado nuevos productos, todos pasados por la brasa, como mejillones, pulpo, berberechos, navajas, angulas... Al año saca al mercado cerca de 120.000 latas y, aunque el plan de negocio, en este momento, está en fase de reposo, la idea es incrementarlo a 150.000 unidades. “A pesar de que lo que más crece es el mercado internacional, me gustaría potenciar España. Hemos puesto en valor la conserva, a pesar de que nos decían que tenía un precio elevado”, explica el empresario, que trabaja en la elaboración de patés nuevos de pescado, en el diseño de conservas de productos que no existen en el mercado, como las cocochas, las huevas de oricios o las espardeñas.

En cuanto a la escasez de producto del mar, asegura que él se rige por el género de temporada. “La estacionalidad es muy importante, y nuestros productos se agotan porque no podemos disponer siempre de ellos”. También advierte de que el problema que hubo en 2019 y 2020 con la falta de sardina en el Cantábrico, ahora ya no existe. “No hay todas las sardinas que quisiera, pero hay suficientes. No ocurre lo mismo que con la angula, que hay limitación”. En cuanto a la facturación, afirma que esta ha ido creciendo de los 50.000 euros del primer año a los 1,1 millones de euros de 2021, y la previsión para este año es lograr los 1,5 millones.

Cree que el éxito de las conservas se debe también, además de a la calidad del producto y de la técnica empleada, a la visualidad, al envoltorio de las latas, una especie de sábana de papel. “Es completamente diferente a lo que había. Cuenta la historia de un restaurante que hace conservas”. Del diseño del envase, inspirado en los cómics, se encargan las agencias creativas Entretanto y Beautiful Buenos Aires, que ensalzan que el enlatado se pueda consumir en cualquier momento: desarrollan cuatro historias en las que una sardina entusiasta vive varias aventuras, hasta acabar en las brasas. Lo que no preveían era que fuera a dar la vuelta al mundo.

Fuente:  https://cincodias.elpais.com/cincodias/2022/04/11/fortunas/1649699832_242533.html