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Martes 20. 10. 20

Señales claras que oscurecen el comercio exterior argentino

Con la experiencia que tenemos los argentinos en crisis por motivos similares a los actuales, a los políticos les resulta cada vez más dificultoso elaborar medidas proactivas para economía real si se mantienen en la evidente tesitura de no querer tocar  el fondo de las cosas.

Gobernar hoy es muy distinto a cuando este país tenía un déficit fiscal disimulable detrás de una devaluación, la pobreza por debajo de dos dígitos, una carga impositiva asimilable por el nivel de actividad o un consenso social de que era correcto “vivir con lo nuestro”, sustituir importaciones y patear para adelante todos los problemas.

En el ámbito de decisión de los últimos gobiernos sólo quedan herramientas restrictivas de gestión. Lo venimos viendo desde hace más de una década. El manotazo a los fondos de jubilaciones y pensiones (que el kirchnerismo duro sigue reivindicando como un logro) fue quizás el inicio de ese sendero que continuó con los impuestos a las exportaciones, etcétera.

En esta semana de incendio de los dólares alternativos, el Banco Central dispuso una medida que va en esa línea y el propio Martín Guzmán dio varias precisiones que son importantes, por ejemplo, para el comercio exterior porque indican para dónde va la cosa en el corto plazo.

Detrás del objetivo de frenar la fuga de dólares oficiales, aplicó nuevas trabas que complican más aún la gestión de las importaciones, al punto de convertirlas en casi imposibles para todos los productos que requieren licencias no automáticas, es decir la enorme mayoría.

Otro indicio para el Comex, en este caso para las exportaciones, es que no se producirá una devaluación del tipo de cambio oficial, el cual debería terminar el año a 82,5 pesos, dijo Guzmán.

Casi a la par, el Gobierno selló también esta semana su alianza con los exportadores agroindustriales, con lo cual se asegura pronto unos 5.000 millones de dólares. Pero de ese modo definitivamente deja de lado cualquier chance de incentivar las exportaciones de la industria no agropecuaria que requiere un dólar mejor ponderado o bien una drástica rebaja de impuestos y de costos.

La disminución transitoria de los derechos para estos productos, ni por lejos alcanza a compensar la carga tributaria. “Exportamos impuestos”, repiten en la industria. Es decir, para el comercio exterior ya está claro cómo sigue esta historia. O tal vez, oscuro.

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